Me encontró el alba afligido
cuando los primeros rayos de tenue luz se filtraron a través de la persiana del
amplio ventanal en el que tantas veces te observaba suspirando con la mirada
perdida en el vacío.
Que efímera parece ahora la
historia de dos extraños que cruzaron sus destinos, cuando la vida, en uno de
sus múltiples juegos de azar, decidió condenarnos a la felicidad. El amor clavó
su flecha profunda en nuestros corazones. Te conocí en aquel momento precioso
en que nuestra vida no es totalmente nuestra, empero, todo nos lo brinda cual Santo Grial inagotable de ambrosía para el sediento. Se fijaron mis ojos en los
tuyos; embarcando así mi alma en aguas tormentosas al ritmo de las fuertes
explosiones que el agitado latir de mi corazón provocaba cuando me sonreías por
mera cordialidad.
No conocía yo, o no recordaba
al menos, una figura más hermosa que la tuya. Tu esbelto cuerpo bendecido por
la juventud, cincelado por la voluntad máxima. Tu lozana y suave piel canela
que el sol bañaba deleitante. Tu alborotado e indomable cabello rubio. Pero
nada comparado a tu rostro. Muestra de la magnificencia de la naturaleza,
envidiado por los mismos ángeles. La perfección de las proporciones era tal que
cautivabas por doquier, te aseguro que adonis se habría enamorado de ti. Tus
delicadas orejas, un fino mentón y pómulos que se sonrojaban fácilmente con los
vuelcos de tu libre espíritu y las pequeñas alegrías que constantemente perseguías.
Tus ojos eran profundos manantiales azules, como cristales penetrantes que extraviaban
el juicio de los más valientes que se atrevían a mirarlos. Tu voluptuosa boca
roja carmesí con sus carnosos labios, tan tentadores que bien pudieron causar
que Adán renunciara al paraíso.
Las alegrías que me diste son
infinitas. Los momentos vividos incontables. Cada día junto a ti fue una
aventura irrepetible. Me hiciste sentir como un niño que aprende, juega y vive
cosas nuevas todos los días. Te amé como nadie más podría haberlo hecho.
Agradezco lo que fuiste y aún más lo que me hiciste ser. Al partir, y sé que será
pronto, espero encontrarte en algún lugar, en el que no volvamos a perdernos
nunca: Un lugar perfecto, en el que solo estés tú, y a tu lado, yo.
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