viernes, 18 de septiembre de 2015

Hasta Pronto

Me encontró el alba afligido cuando los primeros rayos de tenue luz se filtraron a través de la persiana del amplio ventanal en el que tantas veces te observaba suspirando con la mirada perdida en el vacío.

Que efímera parece ahora la historia de dos extraños que cruzaron sus destinos, cuando la vida, en uno de sus múltiples juegos de azar, decidió condenarnos a la felicidad. El amor clavó su flecha profunda en nuestros corazones. Te conocí en aquel momento precioso en que nuestra vida no es totalmente nuestra, empero, todo nos lo brinda cual Santo Grial inagotable de ambrosía para el sediento. Se fijaron mis ojos en los tuyos; embarcando así mi alma en aguas tormentosas al ritmo de las fuertes explosiones que el agitado latir de mi corazón provocaba cuando me sonreías por mera cordialidad.

No conocía yo, o no recordaba al menos, una figura más hermosa que la tuya. Tu esbelto cuerpo bendecido por la juventud, cincelado por la voluntad máxima. Tu lozana y suave piel canela que el sol bañaba deleitante. Tu alborotado e indomable cabello rubio. Pero nada comparado a tu rostro. Muestra de la magnificencia de la naturaleza, envidiado por los mismos ángeles. La perfección de las proporciones era tal que cautivabas por doquier, te aseguro que adonis se habría enamorado de ti. Tus delicadas orejas, un fino mentón y pómulos que se sonrojaban fácilmente con los vuelcos de tu libre espíritu y las pequeñas alegrías que constantemente perseguías. Tus ojos eran profundos manantiales azules, como cristales penetrantes que extraviaban el juicio de los más valientes que se atrevían a mirarlos. Tu voluptuosa boca roja carmesí con sus carnosos labios, tan tentadores que bien pudieron causar que Adán renunciara al paraíso.


Las alegrías que me diste son infinitas. Los momentos vividos incontables. Cada día junto a ti fue una aventura irrepetible. Me hiciste sentir como un niño que aprende, juega y vive cosas nuevas todos los días. Te amé como nadie más podría haberlo hecho. Agradezco lo que fuiste y aún más lo que me hiciste ser. Al partir, y sé que será pronto, espero encontrarte en algún lugar, en el que no volvamos a perdernos nunca: Un lugar perfecto, en el que solo estés tú, y a tu lado, yo.

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